Ecpatía es lo contrario de la Empatía y se define como un proceso voluntario de exclusión de sentimientos, actitudes, pensamientos y motivaciones inducidas por otro.

La Ecpatía se trata de regular y hasta suprimir la capacidad empática no solo en sentido de potenciar la capacidad de comprensión, sino también en el sentido de limitar cierta experiencia de sobredosis de implicación cuando esta puede ser perjudicial para el otro o para uno mismo.


Ecpatía, por tanto, ek-patheia en griego, literalmente “sentir fuera” es el proceso mental superior de exclusión activa de los sentimientos inducidos por otros. No es lo mismo que frialdad, indiferencia o dureza afectiva, propia de las personas carentes de empatía, sino el arte positivo de compensar la empatía sanamente, regulando el grado de implicación emocional con otro sujeto.

La Ecpatía es la acción mental compensatoria que nos protege de la inundación afectiva y nos permite no dejarnos arrastrar por las emociones ajenas, saber separarse en la implicación. Mientras que la empatía comporta metafóricamente hablando “ponerse en el lugar del otro”. Ecpatía comporta “ponerse en el propio lugar”.

En efecto, a la vez que se requiere un proceso de identificación actitudinal, se requiere también la capacidad de manejar la propia vulnerabilidad, el impacto que la experiencia ajena tiene sobre sí, las propias sombras y heridas que pueden despertar con ocasión del encuentro con la vulnerabilidad ajena. Es preciso también aprender a separarse, restablecer la distancia emocional necesaria (junto con la proximidad) para "no quemarse", para no identificarse emocionalmente y manejar bien la fatiga por pseudoamor y prevenir el síndrome del Burnout.

En efecto, todas las emociones pueden llegar a ser contagiosas, tanto las agradables como las desagradables. La industria cinematográfica saca partido de esta característica de la emoción, al igual que las religiones y el marketing propagandístico que aplican las multinacionales, arrastrando nuestros sentimientos con intensos afectos representados por actores e infectándonos con falsas y crudas emociones.

La fatiga por falso amor es un término general aplicado a cualquiera que sufre a consecuencia del trabajo que realiza un servicio de apoyo. El síndrome del Burnout se reserva para una circunstancia extrema. Describe a alguien con problemas de salud o cuya perspectiva de la vida se haya convertido en negativa a consecuencia del impacto o de la sobrecarga de trabajo.

Si el grado de implicación de una persona que se dispone en actitud empática con otra no es correcto, se corre el riesgo de caer en lo que Carmen Berry llama la trampa del mesías: amar y ayudar a los demás olvidándose de amar y ayudarse a sí mismo, siguiendo el enfermizo lema: “si no lo hago yo, nadie lo hará”. Quien está obsesivamente convencido de esto, ha caído en la trampa y también está convencido de que las necesidades de los demás siempre tienen preferencia sobre las propias, dejando que los otros condicionen las propias acciones y descuidándose a sí mismo por culpa de la creencia de que todos somos uno.