LA ILUSION DEL TIEMPO

Un experimento desarrollado en el INRIM de Turín lo ha demostrado: El tiempo es una propiedad emergente para observadores internos.   Un observador externo a nuestro universo lo percibe estático, no hay tiempo, nada ocurre. El tiempo solamente lo percibimos los que estamos dentro de este universo.

Todos los acontecimientos pasados y futuros han sucedido a la vez, al igual que los electrones no están nunca en un sitio en su órbita sino en todos y ninguno a la vez.

El cerebro no puede recordar hechos del futuro normalmente. Pero esto no siempre es así.
John W. Dunne fué un ingeniero aeronáutico que se interesó por el concepto del tiempo después de tener una serie de sueños premonitorios, y escribió un interesantísimo estudio llamado “un experimento con el tiempo”, en el que llega a la conclusión que la única característica extraordinaria de un sueño premonitorio es que sería el sueño que se tendría… la noche después de experimentar el hecho. Deduce que el orden temporal no es mas que una ilusión generada por el cerebro.

La información no sólo existe en todas partes a la vez, sino en todos los tiempos a la vez. No existe pasado, presente y futuro sino que todo ha sucedido simultáneamente. La mente humana es la que se encarga de devanar los acontecimientos en un hilo temporal absolutamente ficticio.

El tiempo no existe, es una construcción de la mente. La prueba está en los sueños precognitivos y premonitorios.Quien los ha experimentado puede comprender esto a la perfección. Afortunadamente la ciencia -por fin- está tomándose en serio estas cosas.


Principios básicos

La teoría de J. W. Dunne es, simplemente, que todos los momentos en el tiempo se llevan a cabo a la vez, al mismo tiempo. Por ejemplo, si un gato fuera a pasar su conjunto toda la vida viviendo en una caja, cualquiera que busque en la caja podía ver al gato en su nacimiento, vida y muerte en el mismo instante... Esto sería así, si no fuera por la conciencia humana, lo que significa que percibimos a una tasa fija.

Según  J. Dunne, mientras que la conciencia ordinaria humana nos impide ver fuera de la parte de tiempo que estamos "destinados" a ver; mientras soñamos, tenemos la capacidad de atravesar todo el tiempo sin la restricción de la conciencia ordinaria, lo que muchas veces culmina en sueños precognitivos. El deja vu sería entonces un sueño ya soñado que no recordamos conscientemente. A partir de estos puntos, es que, J. Dunne da cuenta que estamos existiendo en dos estados simultáneos paralelos, lo que requiere un replanteamiento completo de la forma en que mal entendemos el tiempo.

El experimento de J. Dunne

En un experimento con el tiempo, J. Dunne propone que los observadores deben ubicarse en entornos en los que la conciencia pueda ser liberada de mejor manera, y luego, inmediatamente después del sueño vigílico (meditación/introspección), anotar los recuerdos de lo que se había visualizado, junto con la fecha. Más tarde, estas notas se deben analizar, con posibles conexiones trazadas entre ellos y hechos reales que ocurrieron después de que las notas habían sido escritas.

Mientras que en la primera parte de su estudio, se da una explicación de la teoría, la última parte incluye ejemplos de las notas y las interpretaciones posteriores de ellas como posibles predicciones.

Paralelismos con otros sistemas científicos y metafísicos

La Teoría del tiempo de J. Dunne tiene paralelos en muchas otras hipótesis científicas y metafísicas. Los aborígenes de Australia, por ejemplo, creen que existe el "sueño-temporal" simultáneamente en el presente, el pasado y el futuro, y que esto es la verdad objetiva del tiempo, el tiempo lineal es una creación de la conciencia humana y por lo tanto subjetiva. En el taoísmo y de hecho en la mayoría de las tradiciones místicas siempre han planteado que la conciencia normal de vigilia restringe a la basta conciencia de la realidad y así para la percepción ordinaria, el tiempo queda limitado en una sola dimensión lineal. 
La conciencia real puede por cortos lapsos desencadenarse en el estado onírico, donde la mente puede moverse relativamente mejor en la realidad multidimensional de tiempo-espacio. Del mismo modo, todas las tradiciones hablan de misteriosos seres inmortales que existen simultáneamente fuera del tiempo-espacio.











También hay un paralelismo con la teoría de la relatividad clásica, en la que el tiempo y el espacio se funden en "espacio-tiempo", y el tiempo no es absoluto e independiente, sino que depende del movimiento del observador.

Datos de interés:

En su libro ¿Hay vida después de la muerte?, el scritor británico Anthony Peake escribió que las ideas de J. Dunne son válidos y habría que intentar actualizar las ideas de J. Dunne a la luz de los últimos descubrimientos en física cuántica, neurología y estudios de la conciencia.
Otros escritores contemporáneos a J. Dunne que expresaron su apoyo a estos postulados; incluyen a Aldous Huxley, quien también estaba interesado en la expansión de la conciencia humana de experimentar el tiempo, y Adolfo Bioy Casares, quien mencionó este libro en la introducción de su novela El sueño de los héroes.

La idea de que el tiempo puede ser experimentado de manera diferente en el espacio, fue también postulada por el físico cuántico David Bohm, quien también creyó que la conciencia define la forma en que percibimos el mundo. D. Bohm, quien llamó a una revolución de conciencia para liberarnos de lo viejo y ortodoxo, de Newton, en la cual la comprensión mecanicista del universo, ni siquiera postula que a través de una liberación de conciencia dentro del espacio-tiempo, posiblemente podríamos dejar de existir en la forma en que lo percibimos ahora.

Experimento actual:

Un experimento realizado con un modelo de universo, demuestra que el tiempo “es una ilusión” o que la existencia del tiempo en realidad depende sólo de la existencia de los relojes.
La física moderna intenta fusionar las leyes de dos “universos”: el macrocoscópico, y el de las partículas atómicas y subatómicas. Actualmente, describe así la realidad a través de dos vías: la mecánica cuántica‎, que explica lo que sucede a escala microscópica; y la relatividad general‎, que da cuenta de lo que sucede en el resto del cosmos: planetas, agujeros negros, etc.
Pero ambas descripciones no terminan de combinar coherentemente. Desde que las ideas de la mecánica cuántica se expandieron, a partir de la primera mitad del siglo XX, parece que son incompatibles.
Por primera vez, un equipo de científicos ha conseguido poner a prueba las teorías matemáticas sobre la medida del tiempo de Page y Wootters en un sistema físico, es decir, compuesto sólo por dos fotones (que son las partículas elementales de la luz).

Por un lado, los científicos, del Instituto Nacional de Investigación Meteorológica (INRIM) de Turín, en Italia, midieron el sistema de ambos fotones entrelazados desde “fuera” del universo de éstos, como haría un observador externo.
Por otro lado, usaron uno de los dos fotones entrelazados a modo de “observador” del otro fotón o como “reloj”. Con éste midieron el estado (la polarización u orientación vertical u horizontal) del segundo fotón, mientras ambas partículas atravesaban dos vías independientes y de grosores variables, con los que se afectó a la polarización de los fotones y, por tanto, a su evolución. La medición fue posible porque el estado del primer fotón reflejaba el del segundo, merced al entrelazamiento cuántico.


El resultado fue el siguiente: en el primer caso (medición externa), el sistema observado resultó estacionario. En el segundo caso, en cambio, se registró un comportamiento oscilatorio (del segundo fotón), esto es, una evolución del segundo fotón que resultó una medida del tiempo.
Estas constataciones, nos trasladan una vez más a cuestiones que llevan siglos en la mente de filósofos y de científicos: ¿qué es el tiempo? ¿Existe el tiempo sin un reloj que lo mida?

Ya tenemos ejemplos como Julian Barbour, que propone un modelo serio de física alternativa en la que el tiempo no existe más que como una ilusión en nuestras mentes.

Es altamente posible que el espacio y el tiempo no tengan otra naturaleza que la que les asignemos por convención.

La reflexión humana sobre el tiempo se remonta como mínimo a Platón y, evidentemente, aún no ha concluido...