EL CEREBRO TIENE UN "HUECO" FUNCIONAL QUE LO DEJA INDEFENSO ANTE EL ADOCTRINAMIENTO


Con el cerebro decodificamos la mente y así procesamos la manera en que percibimos el mundo, sentimos, pensamos y hacemos casi todo lo referente a lo cognitivo. Sin embargo, recientes estudios científicos demuestran que el cerebro humano cuenta con un "hueco" en su diseñado que le permite -creer ciegamente en algo superior como un dios-, de esta manera queda claro que las creencias religiosas tienen un substrato neural.

La nueva corriente conocida como neuroteología, parece dar una innovadora dimensión completamente alejada de la irracionalidad fanática; intentando explicar científicamente un fenómeno inherente al ser humano y su interrelación con la religión. ¿Tienen entonces las creencias religiosas un fundamento científico, explicable a partir de la composición cerebral del ser humano? .


La creencia en un benevolente dios, es tan antigua como la inocencia del ser humano. La necesidad de contar con una creencia basada en irracionales libros escritos antaño, o fabulas contadas por terceros, es tristemente común en muchas culturas. Sin embargo, a la luz de la ciencia esto deja de ser un fenómeno antropológico. 

"La estructura del cerebro cuenta con un "hueco" que lo deja indefenso ante ciertas creencias que paulatinamente son insertadas en la persona por un tercero que demuestra -autoridad oficializada por el sistema-, y así, luego de un proceso cerebral determinado la persona comienza a tener experiencias metafísicas, dentro de las cuales está incluida la creencia en un dios benevolente. Los sustratos del sistema límbico, situados en lo más profundo del cerebro, son el centro de las emociones; en tanto, la amígdala cerebral es una estructura que se afecta por las amenazas que profieren ciertas creencias religiosas y dogmas políticos.".
  
¿Qué es la amígdala cerebral?

La amígdala cerebral es un conjunto de núcleos de neuronas que se localiza en lo profundo de los lóbulos temporales de los vertebrados complejos como los seres humanos.

Amígdala cerebral.
La emoción tiene dos componentes: uno es la sensación subjetiva que sentimos en nuestro interior. El otro componente es la manifestación externa de la emoción. A veces es posible separar los dos componentes; por ejemplo, un actor puede simular todas las manifestaciones de una emoción sin realmente sentirla. Eso indica que estos dos aspectos de la emoción pueden residir en regiones separadas del sistema nervioso.

Las emociones de miedo e ira se originan en la amígdala cerebral.

Primeramente, el sistema nervioso debe determinar cuál es la emoción adecuada en cada caso. Esto lo realiza, al menos en parte, una estructura llamada amígdala cerebral. La corteza cerebral envía una copia de la información sensorial que recibe la amígdala, y esta decide si el estímulo es amenazador, y si se debe responder a él con agresividad o miedo (huida). Los animales que tienen lesionada la amígdala cerebral pierden toda su agresividad y así se vuelven indefensos, porque en la amígdala tienen lugar las emociones de ira y miedo, pero no así las emociones agradables, como por ejemplo, la alegría, sensación de amor y felicidad (dónde se generan estas últimas, aún es un misterio).

"La religión y/o fanatismo político son para el cerebro como el alcohol".

La amígdala juega un papel fundamental en el consumo excesivo de alcohol, siendo dañada por episodios repetidos de intoxicación y abstinencia. El alcoholismo se asocia con una atenuación de la activación en las redes del cerebro responsables del procesamiento emocional, incluyendo la amígdala. 
Cuando una persona cree fervientemente en una religión y/o fanáticamente en una ideología política determinada, termina atenuando (en menor medida que el alcohol), las redes cerebrales encargadas del procesamiento de emociones que incluyen a la amígdala. Esto es porque las experiencias emocionales que dejan huella en las conexiones sinápticas de los núcleos laterales incitan conductas asociadas con la emoción del miedo a través de las conexiones con el núcleo central de la amígdala. Ese núcleo está involucrado en el comienzo de las respuestas orgánicas de miedo que incluye taquicardia, respiración acelerada, liberación de hormonas del estrés y paralización. Es así que si una persona piensa seguido en la posibilidad de terminar en un infierno por haber pecado, o que su país está siendo gobernado por políticos corruptos y esto lo dejará en bancarrota por la crisis que vendrá; esa persona al cabo de repetir sucesiva y específicamente esos miedos, terminará sufriendo ataques de pánico y así  su amígdala se verá dañada como en el caso de un alcohólico; esto condicionará las futuras reacciones de esa persona ante ciertos acontecimientos, dejándola indefensa como los animales con la amígdala dañada, anteriormente mencionados. A partir de ese entonces, la persona estará lista para ser una mascota de quienes gobiernen la religión que profesa, o el partido político que "aman". Todo lo que le digan, aunque sea perjudicial para ella, estará bien y será aceptado sin mediar razonamiento lógico alguno por parte del individuo.

Investigando la "espiritualidad" cerebral

Para demostrarlo, los investigadores escanearon la actividad cerebral de varios sujetos mientras tenían sus estados extáticos de oración o devoción espiritual. El incremento de la actividad cerebral, deja ver que a diferencia de los no creyentes, en los sujetos religiosos, la actividad cerebral mostró un cambio dramático.


Respecto a esto, los neurocientíficos afirman que esta inusual actividad cerebral se genera al creer ciegamente en un dios; esta actividad se puede asociar con el estado cerebral de las personas que padecen TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo), o están cursando una "depresión activa" con alegría patológica. Ilia Delio, doctorada en farmacología y teología histórica, dice que «se siente tentada a pensar en un -módulo dios- situado en lo profundo del sistema límbico cerebral»; un módulo patológico que se ha generado gracias a un "hueco" que extrañamente el funcionamiento cerebral permite..

Explicación al fenómeno espiritual

Esta polémica investigación científica puede dar una explicación básica sobre el sufrimiento silencioso que padecen las personas que manifiestan conductas religiosas y/o políticas fundamentalistas. 
El "módulo dios" (o daño de la amígdala) está presente en personas fervientemente religiosas y/o acérrimos partidarios políticos y ausente en los amantes de la filosofía, agnósticos, ateos y librepensadores. 

La irreflexiva fe en una determinada religión, crea una nueva red de neurotransmisores y daña la amígdala, alterando completamente la manera en la que el cerebro reacciona ante determinadas circunstancias. Esto explica por qué los creyentes "piensan" y sienten tan distinto de quienes no comparten su fe religiosa.


El cerebro del ser humano está diseñado de manera tal, que deja un "hueco", a través del cual pueden adoctrinarlo, y esto es aprovechado por las religiones y también por los diferentes partidos políticos para manipular a las masas y así poder sacarles el máximo provecho.


Fuente: Compilación realizada por Ciencias Energéticas