DOLOR EMPATICO


Según una nueva investigación publicada en Psychological Science, el dolor tiene la capacidad de cohesionar un grupo social, de construir lazos de cooperación entre extraños y de desarrollar formas colectivas a partir de individualidades sufrientes.

Según Brock Bastian, líder de la investigación, “el dolor compartido podría ser un disparador importante para la formación de grupos”. Esta hipótesis fue puesta a prueba con 54 estudiantes universitarios que pasaron 90 segundos con una de sus manos sumergida en agua, manipulando pelotas de metal en el fondo. Pero había una trampa.

Mientras la mitad de los estudiantes sumergían la mano en agua a temperatura ambiente, la otra mitad lo hacía en agua a punto de congelamiento. Estos últimos eran sometidos a una prueba extra donde la mano semicongelada sufría cierta cantidad de dolor durante un minuto, mientras el otro grupo realizaba una tarea mucho más sencilla.

Luego de las pruebas, cada participante debía evaluar una serie de oraciones como “Siento solidaridad con los otros participantes” o “Siento que puedo confiar en otros participantes” utilizando una escala de 5 puntos (de “muy de acuerdo” a “muy en desacuerdo”).

Los participantes sometidos a bajas temperaturas reportaron mayores niveles de empatía con los demás. (Los resultados fueron corroborados en otro experimento utilizando salsa picante en lugar de agua fría).

El experimento fue repetido con un grupo de 62 estudiantes, luego del cual siguió un juego de cooperación económica, donde cada uno debía elegir un número entre 1 y 7. Un número bajo aseguraba una recompensa para el individuo a expensas del grupo, mientras que un número alto incrementaba el riesgo personal, pero maximizaba la recompensa potencial para el grupo.

Aquellos que sufrieron dolor optaron por números más altos que el grupo “sin dolor”. Según Bastian y su equipo, el dolor promueve la cooperación, la atención y la aceptación sumisa. Si además de ti observas que otros sufren, los lazos se forman casi de inmediato, como en las prisiones y los campos de concentración (además de las escuelas, las oficinas y otras formas sociales de infligir dolor y reclusión).

Ahora se conoce que el "dolor" de los empleados en el ámbito laboral aumenta los niveles de productividad que favorecen a la empresa a la cual sirven.


Queda claro que los "lideres" gubernamentales y empresariales no vacilan en utilizar formas extremas de dolor para aumentar la productividad y sumisión de sus controlados y así modelar a estos convirtiéndolos en mansos seres empáticos aunados en la desgracia… 

Después de todo, los gobernantes y empresarios encumbrados no hacen más que replicar los manejos de él o los creadores de este mundo atómico.