¿QUÉ DETERMINA DÓNDE Y CÓMO REENCARNARÁS?


Según el budismo y el hinduismo, esta es la forma de asegurarse de que la siguiente vida será afortunada. 

Si tomamos en cuenta a los budistas y a los hindúes y consideramos que más o menos el 25% de los cristianos cree en la reencarnación (aunque esta no sea parte de su dogma), y que muchas otras personas de otras religiones hacen lo mismo, podemos inferir fácilmente que más o menos la mitad de la población mundial considera la reencarnación como una posibilidad válida. Así que para muchas personas es importante saber qué pueden hacer para asegurarse una siguiente vida auspiciosa. 

A continuación veremos qué nos dice el hinduismo y el budismo sobre los factores que determinan nuestras siguientes reencarnaciones, e incluso la posibilidad de trascender la rueda de muerte y renacimiento cuando se logra agotar el combustible que la sustenta (el término nirvana tiene esta connotación: una vela que se apaga).

Todo lo que hacemos (karma) crea hábitos y los hábitos, a su vez, moldean nuestras nuevas acciones -esto es un continuum que se mantiene incluso después de la muerte ya que los hábitos no necesariamente dependen de una sustancia material o burda; según estas filosofías, pueden existir de manera más sutil. Todos existimos dentro de una serie de patrones habituales (según el budismo, no somos más que hábitos que se cristalizan). Los hábitos mantienen su existencia o subsisten a través de lo que se conoce como samskaras (en sánscrito). Samskara es un término complejo que es utilizado con algunas diferentes acepciones en el budismo y en las diferentes escuelas de hinduismo, pero en todos los casos juega un papel relacionado con la reencarnación y la subsistencia de los hábitos que conforman nuestra personalidad. La palabra samskara literalmente significa "hacer junto", "creado junto" o "acción conjunta" (uno de sus componentes tiene la misma raíz que la palabra karma, acción). Generalmente se traduce como "formaciones", "disposiciones" o "tendencias" -todas de origen mental. Puede también compararse con las "impresiones" de las que habla David Hume, que son el constituyente de nuestro yo, el cual es mayormente ilusorio, en el sentido de que no tiene continuidad e independencia fuera de estas impresiones, emerge con cada impresión. Una buena traducción de samskaras es la de Herbert Günther, "constructores de realidad"; los samskaras son como los ladrillos con los que construimos y mantenemos nuestra realidad con una cierta solidez (aunque esta solidez sea ilusoria).


Patanjali, en los Yoga-Sutras, habla de que las disposiciones mentales tienen un componente tanto psíquico como energético, el cual se imprime en ellas, con una de las tres gunas o cualidades de las que habla la filosofía del sankhya. De esta forma, los samskaras van imprimiéndose y constituyendo "los vehículos subconscientes del karma y son considerados factores causales para toda una serie de fenómenos psicológicos", dice Stephen Phillips en su libro Yoga, Karma and RebirthEn su constituyente básico, los samskaras están compuestos de percepciones y de las impresiones que éstas dejan (son la co-creación entre la percepción y el acto volitivo o deseo que co-emerge con la percepción). Patanjali, por ejemplo, sugiere que a través de técnicas meditativas se puede utilizar la calma-claridad mental (samadhi) para hacer que los samskaras se autodestruyan, de esta manera podremos erradicar las tendencias de nuestra mente inconsciente. En la filosofía del yoga, así como en otras de las escuelas del hinduismo, es el deseo (el apego a un determinado fruto, provocado por cierto acto) lo que encadena al Ser a la existencia cíclica.

Bhikkhu Bhodi (monje de la tradición budista theravada), explica que en los sutras, en las palabras del Buda, el significado de los samskaras es el de "voliciones kármicamente activas", las cuales son condicionadas por la ignorancia, y son parte de la cadena de originación que produce la existencia cíclica; o sea, el samsara. En otras palabras, los samskaras (que a veces pueden usarse como sinónimos de karmas) son responsables de generar la reencarnación de los diferentes seres. Existen aquí tres tipos de samskaras: corporales, verbales y mentales, los cuales pueden dividirse también en meritorios, demeritorios e imperturbables -estos son así calificados por su cualidad ética y en el caso de los samskaras imperturbables connotan también un entendimiento correcto de la realidad, un desapego al objeto. En su aspecto más básico, los samskaras, alimentados por la ignorancia y el deseo, son lo que hace que un individuo reencarne, esto es, que se produzca un flujo de conciencia impulsado hacia la esfera del renacimiento; o sea, la identificación con la forma, el nombre y todo lo demás. Los samskaras meritorios pueden ayudar a que esta existencia ocurra en una esfera dichosa, como pueden ser los mundos de los "dioses" (deva-loka) o la dimensión de las formas sutiles (rupa-dhatu); los samskaras imperturbables logran renacer en la dimensión supersutil o informe (arupadhatu). Aunque una mente sumamente pacífica, que ha cultivado el samadhi, puede reencarnar en mundos divinos de una paz que puede durar eones, esto no es algo que se busque, ya que se considera que ello ocurre debido al karma positivo, el cual en algún momento será consumido y el individuo deberá regresar a los planos inferiores, en una casi interminable rueda. Lo que se busca es dejar de reencarnar o, en el caso de los bodhisattavas y los tulkus del budismo tibetano, hacerlo con completa lucidez, para el beneficio de los seres que sufren, habiendo ya conseguido un estado que trasciende la dualidad nirvana-samsara.


El budismo lo que busca es justamente acceder a lo no compuesto, lo incondicionado; y el samskara es, por definición, lo compuesto, lo fabricado. En realidad, para el budismo, tanto nuestro cuerpo como nuestras sensaciones, percepciones y demás son meras samskaras. Todo el edificio de nuestro "yo" es una construcción de samskaras. El Buda, al despertar, dijo que había descubierto al "constructor de la casa" y derribado todos sus fundamentos: 


Habiendo buscado al constructor de la casa, 

he errado en el vórtice del samsara por incontables vidas, 

sin poder escapar de la muerte; el sufrimiento se repite siempre, 

en este volver y volver a nacer. 

¡Oh constructor de la casa, has sido descubierto!

Nunca más volverás a construir esta casa para mí. 

Todas las vigas se han quebrado, y se ha desplomado el techo.

Los agregados se han deshecho.

Mi mente ha alcanzado la disolución de los apegos...


En realidad la aparente solidez y determinismo de estos samskaras es una ilusión, ya que son siempre impermanentes, están surgiendo y desapareciendo y por lo tanto no existen absolutamente; es nuestra cognición oscurecida, que se dirige a los objetos con avidez o aversión, la que genera una especie de esmalte. El budismo enseña que la impermanencia de los fenómenos y las cosas es lo que produce sufrimiento. Así, la felicidad es lo que está más allá de lo impermanente, compuesto y condicionado, el nirvana es llamado lo incondicionado, en pali "asankhata". "El samsara es una procesión ininterrumpida de samskaras vacíos pero eficientes que producen otros samskaras", dice Bhikkhu Bhodhi. El dharma lo que hace es justamente cortar con esta producción ilusoria al observar a los samskaras tal y como son, es decir, como impermanentes, como irreales (en el budismo mahayana se afirma que los fenómenos son como burbujas, arcoíris, gotas de rocío, sueños, etc.)


El edificio samsárico es deconstruido a través de la sabia comprensión de que realmente no somos los samskaras que cargamos, ni los agregados que los acompañan; estas no son más que erróneas formaciones ilusorias, y por lo tanto impermanentes. 

Para lograr esto en el budismo se practican diversas técnicas como por ejemplo la meditación. Al igual que en el hinduismo, lo fundamental es no apegarse a los objetos y a los estímulos que generan, ser dueños de una completa ecuanimidad. Esto, por otra parte, no significa renunciar al mundo y absorberse en un trance meditativo fuera del mundo fenoménico. Como le dice Krishna a Arjuna antes de la gran batalla de Kuru: actúa, pero sin apego. Desde una perspectiva tántrica podemos recomendar: goza, pero no te identifiques con el gozador o lo gozado, reconoce que las cosas están vacías y no son más que meras ilusiones. 



Fuente: Pijamasurf